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“Es que, desde luego, los chic@s de hoy en día sólo se preocupan del último modelo de móvil”, decimos, desconociendo que ellos tienen otras muchas. Cientos de variantes del ‘modelo final’ que a nosotr@s ni nos suenan. Somos nosotr@s quienes quedamos atascados en estados tan iniciáticos como el móvil, el coche o el ordenador. La taladradora, la crema facial o la gama de muebles.

Decimos eso, lo mismo que leemos o hacemos estudios sobre la dependencia de los jóvenes al móvil, el uso de drogas o el desencanto. Sabemos, y no decimos, que con l@s compas de la oficina nos metemos unas rayitas desde el almuerzo porque tampoco hay que pasarse…, que miro más a los ojos de la pantalla que a los de mi hijo, que no le bebo sentido a nada. Y no lo decimos, lo de la hipoteca, el seguro, o cómo me trataron esta tarde, porque entonces si me echo a llorar y no paro.

Por que en lo que nos está convirtiendo la sociedad de consumo, más o menos nos damos cuenta: no hay más que ver a nuestr@s bebés.

Cuando para tomar la fresca tuvimos que ir a un parque temático. Para estar [qué verbo extraño] con los colegas hay que meterse en Second Life. O tanteo el punto G en el touchpad de mi portátil, ya nos teníamos que haber dado cuenta. Por no hablar de otros nuevos placeres que inventamos (¿?) cada rato, ciertamente violentos, algunos de ellos.

Después de que Bush jr. ganara su primera elección y fuera reelegido presidente, algunos analistas ‘demócratas’ entraron en crisis: “¿Qué le pasa al pueblo?, ¿no se dan cuenta que ellos son más malos que nosotros para ellos?”. De hecho, se pasaron advirtiendo a ‘la gente’ que les convenía votar por Kerry y no hicieron caso: “Sus medios de manipulación son mejores que los nuestros, ¡debemos perfeccionarlos!” Y se pusieron una vez más a la tarea.

Unos pocos advirtieron: “¿No es razonable que los pobres no se fíen de lo que los ricos, elitistas y famosos les aconsejen?”. O por resumir… ¿debe dejar de una vez la izquierda de tratar como imbéciles a las masas intentando invariablemente reconducirlas por el camino adecuado?. Por simplificar también, se me ocurren dos razones: Si soy de izquierda (pienso de izquierda, siento así) es porque quiero y respeto a la gente. Y dos, yo soy parte de la gente. Cuando insulto, manipulo, cosifico, lo hago conmigo. Cuando digo “ese candidato no tiene gancho”, en verdad estoy diciendo: aunque sus ideas e intenciones, que son lo importante, me gustan, no es guapo o carismático, o tiene medios, o es apoyado por sectores de poder que le van a catapultar; por lo que me inclino a escoger otro candidato que no me gusta tanto pero si va a engañar a la gente común. ¿No es evidente que ya he sido engañado?

Desde entonces me da por separar a l@s que hablan en primera persona de l@s demás. Si desde la química, la sexualidad, el departamento de migraciones, la psicología, el sindicalismo, la antropología, la mercadotecnia, la economía, yo soy uno más, la cosa cambia bastante.

La situa, como decíamos, es para llorar. Y si lo pensamos un poquito más, yo me tiraría de los pelos también. Entonces, miramos el panorama armados de un rotu rojo y empezamos. Irak, Chechenia, Texas, Pamplona, Palestina, Litzarza, Colombia… se me acaba la tinta, y eso que era Duracel. Y luego, mi madre pillada a las tragaperras, mi novio al porno, mi hijo a las pastis, mi abuela también, mi perro… ve un negro y ladra, mi cuñada al chino, mi prima al curro, mi sobrino a la plei, mi vecino a las hostias, mi profe al solitario… la tinta. Eso si, yo lo miro todo y escribo. Como mi perro.

Y es que yo de mayor quiero ser como Marcuse. Analizarlo todo, explicarlo, ver el fondo, denunciarlo y exponerlo a la luz. Además, ir a manis, darle clases a Angela Davies y entre libro y libro, pasarlo bien con los coleguillas.

Yo quiero ser como Marcuse porque no soy muy ambicioso. Pero como la situación pinta desesperada, los ojitos se me vuelan para otro lado, más allá de la ventana de la biblioteca. Miro por el cristal y en lugar de dar clases me provoca callarme. Y entonces de verdad deseo que Marcuse no sea tan inútil como parece. Y que como esperaba el hombre, sea un aporte. Para quienes se manchan las manos de fango y para los que vivimos inmóviles entre móviles. Que las herramientas sirvan, ayuden, apoyen.

Pero lo que de verdad deseo, es que l@s que se ensucian las manos que ya tenían sucias cogiendo piedras pa construir el muro de una casa o tumbar el de una comisaría, ganen la batalla. La verdad, yo no he leído ni a Evo ni al tal Marcuse. Pero se me hace más agradable la luz del sol que la del neón, vivir en tierra que en los libros, cambiar lo malo en lugar de interpretarlo. Más que nada porque es más práctico.

Al fin y al cabo, hay quien hace docus y quienes los protagonizan. Quienes ven pelis, y quienes las viven. Quienes toman la palabra, y l@s que no les queda tiempo. Cada un@ lo que puede.

No hay que olvidar que Marcuse era el primero de su clase, mientras que afortunadamente Evo es uno entre un millón de personas dispuestas a luchar para que no se siga destruyendo nuestra tierra y nuestra vida de esta forma. Afortunadamente, uno más del montón.

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